Proyecto "La Naturaleza nos une": El Pardo, un monte por conocer

Dicen que después de la tormenta siempre llega la calma y así fue como después de un mes tan lluvioso, las nubes abrieron paso para dejar salir al sol y permitir que los allí presentes pudiésemos disfrutar de un día maravilloso.

Muchos fueron los que faltaron y se les echó de menos, pero somos conscientes del esfuerzo que realizamos día a día para poder dar gusto a la razón principal de nuestras excursiones, como lo son nuestros hijos.

El día comenzó con más calor del esperado y esa fue la tónica para toda la jornada, así que tocó abastecernos bien de agua y comenzar a caminar por los senderos que cada vez se hacían más estrechos y divertidos; pasamos por un puente construido por ramas de encina vieja que seguramente hubieran sido pasto de las hormigas, subes-bajas donde todos y cada uno de nosotros teníamos que demostrar la pericia para poder superar los pequeños obstáculos que el terreno nos iba marcando. Las margaritas brillaban con un color especial, quizás alegrándose por los visitantes que no paraban de mirarlas. Muchos insectos, escarabajos y reptiles nos seguían dando la bienvenida, y por fin llegamos hasta la charca de la vida. Allí, en mitad del monte y llena de renacuajos y pequeñas ranas o sapos que fueron la sensación de los más pequeños de la ruta. Cada vez que recuerdo sus caras, más me alegra saber que esta ruta pudo ser realizada.

Particularmente en mi nombre y creo que en el de todos los que estuvimos en el Pardo el sábado, estas experiencias nos enriquecen cada vez más y nos hacen ver que todos y cada uno de nosotros somos personas que reímos, lloramos, perseguimos parecidas o similares metas en la vida, nos quejamos, padecemos, disfrutamos y eso es lo que nos hace ser iguales, independientemente de lo cargados que lleváramos nuestras mochilas.